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“En su
sentido más
amplio, la
costumbre es
el conjunto de
comportamientos
humanos
habituales, o
sea, el modo
especial de
proceder
adquirido por
repetición de
actos iguales
o semejantes
que forman el
carácter
distintivo de
una persona,
un grupo o un
pueblo”
José
Rogelio
Álvarez
Tratare
de resumir las
tradiciones
mexicanas más
importantes,
cuales son los
eventos que se
llevan a cabo
y cuales son
las comidas y
bebidas
típicas de
cada
tradición...
La tradición
por ser la
forma más
sencilla de
comunicar o
transmitir los
valores y las
manifestaciones
culturales y
artísticas en
el correr del
tiempo, es
también la
manera más
sencilla y
directa de
hacer la
historia.
La tradición,
por ser
historia
viviente y
comunal, tiene
una dimensión
humana, una
dimensión
social, una
dimensión
geográfica y
otra temporal,
y sobre todas
estas
cualidades, la
virtud de
amalgamar al
hombre
presente con
su pasado y
con su
terruño. Es el
hilo que teje
la malla de
generaciones y
que da
sentido,
color, sabor,
perfil,
carácter
cultural y
fisonomía
social.
En nuestro
país tenemos
muchas
tradiciones a
lo largo del
año, y de un
modo u otro,
todas ellas se
relacionan con
la
alimentación.
Es por eso que
quisimos
elaborar una
lista en orden
cronológico de
las
celebraciones
más
importantes
del país y
concretamente
la Ciudad de
México,
abarcando el
período que
conforma el
presente
semestre. Les
invitamos a
que conozcan
nuestras
tradiciones
asistiendo a
todas las
actividades
que les sea
posible de las
que
enumeraremos
adelante.
Día
de Reyes
Reina de la
merienda
familiar en la
fiesta de los
Santos Reyes,
el 6 de enero,
es la Rosca.
Por ser la
Epifanía una
de las fiestas
grandes de la
liturgia
cristiana,
desde hace
mucho tiempo
las familias
celebran con
una merienda
en la cual se
partía un gran
bizcocho o
pastel grande.
Cabe mencionar
que algunas
fuentes dicen
que se trataba
de una
costumbre
romana que la
Iglesia
Católica
adoptó. De
cualquier
modo, esta
tradición
llega a México
durante la
Colonia. La
merienda de
los Santos
Reyes se hizo
tradicional
con su rosca,
la cual se
acompañaba con
el chocolate,
originario de
estas tierras
de la Nueva
España.
No es fácil
precisar
cuándo se
inició la
costumbre de
esconder en la
masa de la
rosca un Niño
Dios de
porcelana,
pero por
crónicas se
sabe que la
usanza de
colocar una
confitura o un
haba en la
rosca era muy
antigua. Quien
encontraba el
haba o el
confite,
estaba
obligado
espiritualmente
a presentar el
Niño Dios del
Nacimiento de
la casa en la
iglesia
cercana el 2
de febrero
(llamado en
México Día de
la
Candelaria).
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Antiguamente
en México, la
obligación se
cumplía
rigurosamente,
y quizás la
sustitución
del haba o el
confite por el
niño surgió
porque en
algunas
ocasiones el
comensal
ingería el
trozo de la
rosca con todo
y haba a fin
de evitar el
compromiso.
Seguramente
alguna señora
lista que un
año se quedó
sin Fiesta de
la Candelaria
y sin padrino
para su Niño
Dios, comenzó
a introducir
un niñito de
porcelana
difícil de
ingerir (y más
aún de
digerir),
aunque a decir
verdad todavía
hay quienes se
quedan sin
fiesta porque,
en alguna
forma, el que
encuentra el
niño se hace
el disimulado
o esconde
discretamente
la figurita.
En pocas
palabras, para
eludir el
compromiso "se
hace rosca".
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Día de la
Candelaria
La fiesta del
2 de febrero
se enlaza en
México con la
tradicional
Rosca de
Reyes. A
quienes les
tocó el niño
deberán
presentarlo en
el templo el
Día de las
Candelas. Para
ello, habrán
de engalanarlo
y comprar los
ropones y los
tronos para
aposentarlo.
Después de la
conmemoración
del nacimiento
de Jesús y la
Adoración de
los Reyes
Magos, una de
las fiestas de
mayor arraigo
popular es la
llamada "de la
Candelaria" o
de las
Candelas,
porque en
dicha
celebración se
bendicen la
imagen del
Niño Dios y
las velas que
se llevan con
el niño. Esta
costumbre
tiene su
origen en la
celebración
litúrgica de
la fiesta de
la
purificación y
la
presentación
del Niño Dios.
Después de la
misa, finaliza
la fiesta con
la merienda de
los compadres,
en la cual se
sirve una
tamalada. Los
tamales pueden
rellenarse con
puerco, pollo,
rajas,
frijoles,
mole, queso,
elotes y hasta
fresas con
pasitas,
acompañados de
salsas, atoles
de sabores y
chocolate.
La
Cuaresma
Los primeros
cronistas de
nuestra
historia que
relatan el
encuentro de
la cultura
occidental con
la mexicana,
dan amplio
testimonio del
profundo
espíritu
religioso de
los pueblos
indígenas y de
cómo este
espíritu
abarcaba
también las
costumbres y
hábitos
alimentarios;
es decir,
existía toda
una tradición
gastronómica
vinculada a
las creencias
y ceremonias
religiosas.
Por ello no es
de extrañar
que al
realizarse la
conquista
espiritual por
parte de los
españoles, se
produjera un
cambio en los
hábitos
alimentarios
propios de las
fiestas
religiosas,
para
adaptarlos a
los usos y
costumbres que
exigía el
ritual de la
nueva
religión.
Surge así una
cocina
cuaresmal y
una cocina
navideña en la
Nueva España,
por ser estos
dos ciclos en
torno a los
que gira la
liturgia
cristiana.
Estas
tradiciones,
que perduran
hasta nuestros
días, pueden
decirse que
son, en su
esencia,
prehispánicas,
porque los
protagonistas
son platillos
indígenas
(como es el
caso de los
guisos de
nopales, flor
de calabaza,
huauzontles,
verdolagas,
papas, moles y
tamales, por
citar
algunos). Los
guisos de
Cuaresma
conforman una
tradición
gastronómica
mexicana, la
cual se
enriquece con
elementos
aportados por
la cocina
hispánica.
En lo que se
refiere a la
tradición
culinaria
cuaresmeña,
está dominada
por dos
elementos
rituales: el
ayuno y la
abstinencia.
El ayuno,
porque obliga
a la
realización de
un solo
alimento, es
la comida
principal del
día; en cuanto
a la
abstinencia,
como su nombre
lo indica,
está prohibido
el uso de las
carnes en
todas sus
variedades,
pero no el de
los vegetales
y los
pescados, los
cuales pueden
ser ingeridos
en toda su
variedad.
La gastronomía
mexicana, como
ya vimos,
aporta al
mundo
vegetales que
son de consumo
universal,
como: la papa,
las calabazas,
los camotes,
el maíz, los
chiles, los
aguacates, los
nopales y
muchos más,
protagonistas
de las
llamadas
Vigilas de
Cuaresma. Así
surgen
infinidad de
guisos
elaborados
cuidadosamente,
por lo que la
cocina
cuaresmeña es
una tradición
gastronómica
de muy alta
calidad. Para
confirmarlo,
basta citar
algunos
ejemplos:
Nopales (con
huevo, mole,
ensaladas,
etc.)
Romeritos en
mole, con
tortas de
camarón seco
Charales de
Pátzcuaro
capeados
Calabazas en
torta,
rellenas,
picadas,
entomatadas,
etc.
Guarniciones
de chícharos,
ejotes
Caldos de haba
Pastel azteca
Corundas con
rajas
Caldos de
camarón
Chilpachole
Huachinango a
la veracruzana
Bacalao a la
vizcaína
Postres:
chocolates,
frutas
cubiertas,
capirotadas,
torrejas,
huevos reales,
tamales
Bebidas: aguas
frescas,
aguamiel,
pulque
Cabe mencionar
que la cocina
mexicana
resultó muy
adecuada para
la Cuaresma,
ya que en
México no
existía la
carne de res,
de cerdo y, en
general, de
todos los
bovinos. Por
todo esto, se
puede afirmar
que la
gastronomía
mexicana de
cuaresma es
una de las más
ricas y
variadas del
mundo, y que
afortunadamente,
es una
tradición de
la mesa
mexicana.

Pascua
Al terminar el
ciclo
religioso de
la Cuaresma y
Semana Santa,
tiempo de
recogimiento,
ayuno y
abstinencia,
comienza el
"Ciclo
Pascual", que
también dura
cuarenta días,
pero es tiempo
que todo es
alegría y
esperanza.
Este tono
festivo
coincide
siempre con la
estación de
primavera.
Como por su
propia
naturaleza
religiosa, la
fiesta de
Pascua resulta
ser de tono
festivo y
familiar,
durante el
virreinato
surgió la
costumbre de
regalar dulces
y postres a
parientes y
amigos, así
como el
invitar a las
Meriendas
Chocolateras
de Pascua en
las que los
protagonistas
eran: el
chocolate, los
tamales, los
bizcochos de
huevo, las
cajetas, las
palanquetas,
polvorones,
animalitos de
pepita,
alegrías,
jamoncillos,
buñuelos,
charamuscas,
natillas,
rompope,
empanadas,
chongos
zamoranos,
gaznates,
borrachitos y
miles de
delicias más.
Es por eso que
la auténtica
costumbre ha
derivado en
regalar dulces
y postres
autóctonos,
así como las
meriendas con
sus
chocolates.
Semana
Santa
Semana Santa o
“Semana mayor”
como se
acostumbra
nombrar, era
tiempo y aún
lo es para
gran número de
creyentes en
que se
descartaban
paseos y
fiestas, en
que latía un
espíritu de
recogimiento,
en el que no
podían faltar
los ejercicios
espirituales o
días de
retiro;
costumbres y
prácticas que
con el tiempo
se han ido
olvidando.
La Semana
Mayor empieza
el Domingo de
Ramos, que
conmemora la
entrada
triunfal de
Jesús en
Jerusalén. Es
una constante
curiosa
entremezclar
lo cristiano
con algunas
reminiscencias
de sabor
pagano por
ejemplo
colocar
palmas, una
vez benditas,
en puertas y
cabeceras de
cama, para su
protección. En
algunos
lugares se
acostumbra
intercalar
ramos de
romero, que,
según se dice,
alejan las
tempestades.
El jueves
Santo, día que
se celebra la
institución de
la Sagrada
Eucaristía
durante el
acto conocido
como la
“Ultima Cena”.
Viernes Santo,
día de luto.
Durante todo
el día en los
templos, los
fieles rezan y
todas las
imágenes se
han retirado
del altar o
han sido
cubiertas,
quedando
exclusivamente
la “Virgen”, a
la que la
gente acompaña
en su dolor.
Las diversas
procesiones
que en este
día se siguen
verificando en
distintos
lugares del
país, poseen
una innegable
reminiscencia
de los pasos
andaluces, al
llevar en
andas grandes
esculturas que
representan la
crucifixión de
Cristo con la
cruz a cuestas
y de su Madre
en su
advocación de
la Virgen de
la Soledad.
IESVS
NAZARENVS REX
IVDAEORVM
(INRI).
Antes, el
Sábado Santo
los festejos
populares
terminaban,
alegres y
estruendosos,
con la guerra
de los judas.
Durante todo
el día, los
vendedores
ambulantes
pregonaban su
mercancía de
figuras, un
tanto
surrealistas,
de cartón
pintando y
provistas de
hileras de
cohetes que a
veces se
alternaban con
golosinas y
cigarros que
se salían
disparados por
los aires,
ocasionando
que los
espectadores
se lanzaran a
su captura.
Los grandes
almacenes
quemaban judas
frente a sus
establecimientos.
Son pocos,
actualmente,
los que siguen
esta
costumbre, y
el vendedor de
judas es una
figura popular
más, que se va
extinguiendo.
La culminación
de la Semana
Santa es el
Domingo de
Resurrección.
Sonidos de
campanas
anuncian la
fiesta más
grande de la
Iglesia: La
Resurrección
del Señor.

La Santa
Cruz
El tres de
mayo es la
fiesta de la
Santa Cruz;
celebración
antiquísima
que tiene sus
raíces en el
hallazgo del
madero en que
muriera Cristo
y que se según
la historia
ocurrió en el
siglo Cuarto
de nuestra
Era.
La fiesta de
la Santa cruz
tiene mucho
arraigo en
todo México.
En ocasiones
podrán no
vivirse
algunas
festividades,
pero ésta,
“llueva o
truene” no
deja de
llevarse a
cabo. En los
altos
edificios o en
las más
modestas
construcciones,
siempre en ese
día se pueden
observar todos
aquellos
preparativos
que culminarán
en la gran
fiesta de la
construcción.
Ingenieros,
arquitectos,
maestros de
obra, peones
“chalanes” y
todos los que
intervienen en
esas obras hay
fiesta. Al
parecer, el
festejo de la
cuchara y la
mezcla, se
inicia desde
los albores de
la Colonia, en
tiempos de
fray Pedro de
Gante. Había
en la Nueva
España y en lo
que constituye
el Centro
Histórico de
la Ciudad de
México, una
serie de
iglesias y
capillas
dedicadas a la
Santa Cruz, en
el ámbito de
lo que fueran
Barrios muy
populares.
Es pues fácil
derivar de
aquí la idea
de que los
abundantes
albañiles o
“trabajadores
de obrajes” de
la época,
veneran con
especial
devoción a la
Santa Cruz, ya
que incluso
algunos
pertenecían a
una cofradía
que llevaba su
nombre. Lo
cierto es que
el tres de
mayo, los
obreros de la
construcción
“tiran la casa
por la
ventana”.
Actualmente
casi se ha
perdido todo
vestigio
religioso,
restando el
predominio de
un festejo
paganizado. De
cualquier
manera, es un
hecho que los
albañiles, en
ese día lucen
sus mejores
galas.
Son
ellos mismos
los encargados
de preparar la
tradicional
barbacoa. Para
tal efecto,
uno se encarga
de comprar el
borrego, y
otros, de
prepararla,
mientras se
cuece los
animados
albañiles
instalan una
improvisada
mesa a base de
tablones de
cimbra. No
falta un buen
mantel que da
realce a los
folklóricos
platillos que
ahí se van a
servir. En
muchos lugares
aún sale a
relucir el
“pulque” y los
curados de
frutas. Hoy,
la mayor parte
de los veces,
el pulque se
ve suplido por
cerveza. Ambas
bebidas, son
las culpables
de que la
asistencia al
trabajo del
día siguiente
se vea
diezmado, ya
que todos
acaban
bastante
“alegres”.
En la mesa se
pasan de lado
a lado, los
platos hondos
de barro con
salsa
borracha, muy
bien hecha con
su chile
tostado y
molido, más
sus ajitos, un
buen chorro de
pulque,
cebolla
picadita y
queso rallado.
Sobre la mesa,
alteros de
tortillas
recién hechas
y envueltas en
servilletas.
Al centro, una
enorme cazuela
de arroz.
No tardan en
llegar los
músicos y la
animación
llega al
clímax. Al
anochecer, los
compadres se
acompañan muy
abrazados al
hogar
respectivo.
Unos cuantos
prefieren
pasar la noche
en la obra,
haciéndole
compañía al
velador.
Corpus
Christi

La fiesta del
Corpus se
remonta al
siglo XIII. La
instituyó para
su diócesis,
en 1242, el
obispo de
Lieja, pasa a
la Nueva
España, donde
hasta la
segunda mitad
del siglo
diecinueve la
festejaban
todas las
autoridades
civiles,
militares y
religiosas,
participando,
pero no
obstante,
quedaron
firmes en el
arraigo
popular.
Es el pueblo
quien, en
muchas
ocasiones sin
saber a
ciencia cierta
el por qué,
continúan
sosteniendo
las
tradiciones,
cumpliendo
fielmente con
cada rito y
cada
ceremonia; es
razón
suficiente el
que sus
antepasados lo
hayan hecho
para que
perseveren en
ellas.
Los
prehispánicos
en sus ritos
paganos,
llevaban
ofrendas a sus
dioses, para
que les
propiciaran
buenas
cosechas.
Dentro de las
celebraciones
del
cristianismo
al que fueron
convertidos
quedaron y
quedan ciertos
elementos de
sabor
ancestral. Uno
de ellos las
ofrendas de
flores y
frutas
llevadas a la
iglesia,
junto,
incluso, con
los
instrumentos
de labranza y
hasta los
animales de
tiro,
acercados allí
para ser
bendecidos.
Las remotas
costumbres
suelen
sobrevivir
intactas o
parciales. Las
relativas al
Jueves de
Corpus, hoy
han quedado
reducidas casi
solamente, a
llevar a niñas
y niños
pequeños,
ataviados como
inditos,
rememorando
tal vez, a los
indígenas que
asistían al
templo en esa
fecha, para
implorar ayuda
para sí y sus
animales.
Los
pantaloncitos
y la camisa
bordada en
brillantes
colores, o las
falditas
bordadas
acompañadas de
un reboso, que
van a ser el
básico atuendo
de los
chiquitines,
los diminutos
huaraches y el
complemento
indispensable
del pequeño
huacal y el
sombrero de
petate, los
niños pequeños
van a quedar
convertidos en
graciosos
inditos. Las
niñas con sus
trenzas
restiradas y
entretejidas
con estambres
convertidas en
gentiles
inditas, al
cuello lucen
sartas de
collares,
llevan en la
mano frágiles
jaulitas o
canastas donde
pían
desconsolados
pollitos
recién
nacidos, que,
merced al
ajetreo del
día, apenas
sobreviven.
Si esta fiesta
en todos lados
de México se
ve iluminada
con el
colorido del
folklore
mencionado,
cabe destacar
el especial
lucimiento que
presenta la
catedral
metropolitana.
El inmenso
atrio acoge
esa multitud
de niños,
fieles y
curiosos que
se arremolinan
a las
entradas, y al
repique de
campanas salen
volando de las
torres,
bancadas de
palomas.
|
Entre los
múltiples
vendedores
ambulantes,
destacan los
de los puestos
de mulitas,
las hay de
todos tamaños,
la mayor parte
con sus
cuerpos y
patas de
carrizo; pero
también hay
mulitas de
barro y de
vidrio, con
huacales rebosantes de estilizadas frutas. Son particularmente populares las mulitas miniatura, prodigio de curiosidad y paciencia, montadas sobre un alfiler. ¿Y cuál es el origen de estas simpáticas mulitas? Tal vez arranque del recuerdo de las jornadas de los arrieros, que transitaban con sus recuas por toda la República, llevando las más diferentes cargas en calidad de primicias, para entregar a sus parroquia; depositaban allí los costales de maíz o de chiles, o quizás algún rosado lechoncito. |
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Y una vez cumplido su compromiso, recibían una especial bendición para sus futuras cosechas.
La
Independencia
Forjar
una
nación
no es
pequeña
ni corta
empresa,
requiere
tiempo,
suele
cobrar
pagos de
dolor y
sangre,
pero al
final va
logrando
su
evolución
y
desarrollo.
Septiembre
es un
mes que
recuerda
hombres
y
fechas,
acciones
e ideas
que
abrieron
brecha
al paso
de
nuestra
nacionalidad
e
independencia.
La
historia,
encierra
episodios
que
nunca
serán
borrados.
Como
parte
del
folklore
nacional,
en todo
el
territorio
brotan
las
bengalas
que con
sus
brillos
iluminan
alegres
el cielo
que
envuelve
a una de
nuestras
más
importantes
fiestas
patrias.
Brillantes
chispas
van
cayendo
a lo
largo de
este
simbólico
mes, que
encienden
con
festejos
pueblos
y
ciudades
en todas
sus
calles
principales,
las
cuales
se
engalanan
con
banderas,
cadenas
de papel
o
hileras
de focos
tricolores.
Cuando
es
posible,
los
artesanos
electricistas
realizan,
representando
sobre
fachadas
de
edificios
públicos,
símbolos
patrios
o
incluso
las
propias
figuras
de los
héroes
nacionales.
La noche
del 15,
en
zócalos
y plazas
de toda
la
ciudad,
se forma
un
conglomerado
lleno de
animación,
que toca
cornetas
de
cartón,
lanza
serpentinas,
confeti
y luce
exagerados
sombreros
de
palma,
rebozos
y
jorongos.
Esta es
una
fiesta
netamente
popular
para
festejar
“el
Grito de
Independencia”.
En la
capital,
la gran
reunión
se
celebra
en la
Plaza de
la
Constitución
a las
once en
punto de
la noche
se abre
el
balcón
principal
de
Palacio
Nacional,
aparece
el
Presidente
de la
República,
pronuncia
las
tradicionales
y
conmemorativas
frases,
inicia
diciendo:
“¡Mexicanos...!,
y al
final
toca la
histórica
campanada,
como lo
hiciera
el cura
don
Miguel
Hidalgo
y
Costilla,
en el
pueblo
de
Dolores.
Acto
seguido,
comienza
el
rugido
de la
multitud,
que
clama a
México,
para
luego,
como un
gigantesco
coro se
entona
el himno
nacional.
A las
voces se
suma el
repique
a vuelo
de las
campanas
de la
catedral,
el
estallido
de los
cohetes,
y el
silbido
de los
castillos,
toritos
y toda
clase de
luces
artificiales
que
inundan
el cielo
de la
noche.
En la
verbena
popular
no
pueden
faltar
los
clásicos
puestos
de
antojitos:
allí
están
los
humeantes
botes de
elotes
cocidos
y
tamales;
los
comales
donde se
fríen
quesadillas,
sopes y
enchiladas;
destacan
en el
menú,
los
imprescindibles
chiles
en
nogada,
con su
típico
aderezo
tricolor
del
verde
perejil,
la
blanca
crema de
nuez que
los
recubre,
y los
rojos
granos
de la
granada.
Al
clarear
el nuevo
día
comienzan
a
distinguirse
las
siluetas
de los
barrenderos
que
tienen
más
trabajo
que
nunca,
recogiendo
de las
calles
los
innumerables
restos
que fue
dejando
a su
paso el
regocijo
popular.
La
multitud
vuelve a
reunirse,
esta vez
esparcida
a los
lados de
las
calles
por
donde va
a pasar
el
“desfile
militar”.
Se van
sucediendo
en
interminable
procesión,
los
destacamentos
armados,
la
caballería,
los
tanques,
los
aviones
de la
fuerza
aérea
rasgando
los
aires,
los
marinos
de
vistosos
uniformes,
los
cadetes
del
Colegio
Militar
y el
heroico
cuerpo
de
bomberos
que
siempre
levanta
a su
paso
entusiastas
aplausos.
Y
mientras
la gente
disfruta
el
desfile,
se
ondean
miles de
banderitas
y
rehiletes
La
parada
militar
empieza
en el
zócalo,
frente a
Palacio,
desde
donde lo
contempla
el
Presidente
de la
República
acompañado
por los
Secretarios
de
Estado y
el
Cuerpo
Diplomático.
Lo
último
que
queda en
la
retina
del
espectador
de este
festejo
del 16
de
septiembre,
es la
imagen
de los
charros
que
cierran
el
desfile,
engalanados
en su
lucida
vestimenta
de
botonadura
de plata
y sus
hermosas
sillas
de cuero
bordados
en pita.
Día de Muertos
Entre
los
mexicanos
la
muerte
tiene un
sentido
singular:
a veces
aparece
como una
arraigada
tradición
que
tiene
sus
raíces
en la
época
prehispánica;
en otras
ocasiones,
parece
un
escenario
donde
hay
ofrendas
con:
dulces,
pan,
flores y
alimentos
condimentados
y
costumbristas.
La
tradición
es
permanente,
pero
aparece
con
mayor
vigor
los días
1 y 2 de
noviembre
de cada
año.
El
cementerio
convoca
a
reunión
familiar
y
amistosa.
Los
deudos
se
arrodillan
al
rededor
del
quien
físicamente
ya no se
encuentra
con
ellos y
depositan
las
ofrendas;
o en su
caso, se
instalan
altares
en las
casas.
Es una
conjugación
de
alegría
y
tristeza.
Las
ofrendas
pueden
contener
fruta,
pan,
conservas,
tamales,
mole,
dulces,
el
tradicional
pan de
muerto;
flores,
veladoras,
imágenes
de
santos y
fotografías
del o
los
difuntos,
además
de
banquitos
o sillas
para que
lleguen
a comer
los
espíritus.
También
se
colocan
sus
pertenencias
en vida:
ropa,
cigarros,
botellas
de
licor,
etc.
Después
de la
celebración,
los
familiares
e
invitados
se
reúnen
tradicionalmente
para
comer lo
que "los
muertitos
dejaron"
en la
ofrenda,
teniendo
así un
nuevo
motivo
para
celebrar.
En otros
países
la
palabra
muerte
jamás se
pronuncia.
El
mexicano
la
adula,
la
festeja.
Tal vez
sea el
mismo
miedo de
los
otros,
pero
nosotros
la
miramos
cara a
cara. El
Día de
Muertos
refleja
claramente
cuál es
nuestra
actitud
ante el
fenómeno:
es la
fiesta
donde se
canta,
se come,
se ríe,
se baila
con
ella,
con la
muerte.
El arte
de la
fiesta
se
encuentra
casi
intacto
entre
nosotros.
Ahí
mostramos
todo el
lujo que
nos
falta en
nuestra
vida
diaria.
Gracias
a esto
se
espera
atraer
la
abundancia.
La
Virgen
de
Guadalupe
Es
indiscutible
que una
de las
más
grandes
fiestas
celebradas
en
México
es el
día de
la
Virgen
de
Guadalupe.
Se trata
de una
Virgen
morena
que en
1531 se
aparece
en el
cerro
del
Tepeyac
a un
sencillo
indito,
Juan
Diego,
el más
humilde
de sus
hijos,
para
convertirse
en la
Madre de
una
nueva
raza:
“los
mexicanos”,
Desde el
momento
en que
deja su
imagen
estampada
en la
burda
tilma de
ixtle,
la fe y
devoción
por la
Guadalupana
se ha
mantenido
por casi
450
años.
Ella y
sólo
Ella,
logra
acoger
con
absoluta
“igualdad”
a pobres
y ricos,
niños y
ancianos,
enfermos
y sanos,
todos
van a
postrarse
ante sus
pies el
12 de
diciembre.
Por
difíciles
que
hayan
sido las
épocas
en
México,
nunca se
ha
cerrado
su
culto.
Ella
sirvió
como
estandarte
al cura
Hidalgo
en los
inicios
de la
Independencia.
Ella,
unifica
criterios,
es el
punto
básico
de unión
entre
los
mexicanos.
Para
honrarla
y
agradecerle
los
favores
recibidos
se hacen
innumerables
visitas
a la
“Villa”.
Todos
los años
desde
los
puntos
más
lejanos
del país
se
organizan
peregrinaciones;
son
interminables
filas de
personas
que por
carretera
vienen
caminando
para ver
a la
“Virgencita”,
a pagar
una
manda
ofrecida,
a
entregarle
sus
tributos,
a
presentarle
al más
pequeño
de la
familia….
Ver
llegar a
esos
miles de
peregrinos,
sangrantes
los
unos,
agotados
los más,
pero
henchidos
por el
más
profundo
amor, es
conocer
a un
pueblo
que se
entrega
sin
medida y
espontáneamente
a esta
devoción.
En su
honor se
han
hecho y
se hacen
las más
bellas
reproducciones;
pintores
famosos,
como
gente
del
pueblo,
crean
esculturas
y
cuadros
hechos
con
infinidad
de
materiales
como
tributo
de su
devoción.
Algo que
se ha
convertido
como
obligado
de la
visita a
la Villa
de
Guadalupe
es
disfrutar
de los
antojitos
que se
venden
en los
puestos,
tomarse
una
fotografía,
averiguar
la
suerte
con los
“pajaritos”
que
sacan el
papel de
una caja
y
comprar
estampas
y
novenas.
Navidad Mexicana
Posadas
Las
posadas
son
festividades
creadas
con la
intención
de
despertar
la
expectación
hacia el
nacimiento
de
Jesús.
POr eso,
se
realizan
durante
nueve
días
que,
según la
tradición
religiosa,
representan
los
nueve
días del
16 al 24
de
diciembre,
la
petición
del
abrigo y
calor
humano
que
María y
José
hicieron
en la
espera
del
advenimiento
del Niño
Jesús.
La
posada
es una
fiesta
comunitaria
que se
llena de
colorido
con los
cantos
de
letanías
y
villancicos,
rompimiento
de
piñata y
todo un
variado
conjunto
de
platillos,
dulces y
ponches.
Se
supone
que este
novenario
se
inició
con las
misas de
aguinaldo
que los
agustinos
celebraban
en el
interior
de sus
conventos
en
tiempos
de la
Colonia.
Posteriormente,
de los
templos
pasó a
las
haciendas
y
rancherías
que
contaban
con un
oratorio,
a las
mansiones
de
potentados
y
finalmente
a las
vecindades,
adquiriendo
su
configuración
actual a
principios
del
siglo
XIX.
En las
posadas
es
característico
degustar:
ponche,
mole,
dulces,
tamales,
y las
colaciones;
además
de la
fruta
contenida
en las
piñatas.
La
cocina
navideña
Muchas
festividades
navideñas
en el
mundo
son
frías;
en
México
existe
una gran
variedad
de
platillos
que
integran
nuestra
gran
cena de
Nochebuena,
enriquecida
con
todos
los
ingredientes
prehispánicos
y con la
fusión
de la
olla con
el
caldero
español
y las
especias
llegadas
de Asia.
El
México
actual
asimila
cualquier
influencia.
Esta
herencia
la
disfrutamos
en
nuestro
país y
trasciende
nuestras
fronteras:
la
guayaba,
nopal,
maguey,
maíz,
frijol,
chile,
aguacate,
vainilla,
cacao,
calabaza,
chayote,
zapote,
mamey,
papaya,
chocolate,
jitomate
y
guajolote,
por
mencionar
algunos,
son
parte
muy
significativa
de la
gastronomía
internacional.
Platillos
de la
cocina
mexicana
navideña:
|
Ensalada
de
Navidad |
Buñuelos
de
canasta |
|
Romeritos
en
revoltijo |
Capirotada
de
Navidad |
|
Romeritos
"Celebración" |
Capirotada
mexicana
de
Navidad |
|
Bacalao
a la
vizcaína |
Pastel
de
Navidad |
|
Guajolote
"Belenista" |
Atole
almendrado |
|
Guajolote
Decembrino |
Atole
blanco |
|
Guajolote
de
los
pastorcitos |
Atole
chorreado
de
chocolate |
|
Guajolote
de
los
pastores
de
Belén |
Atole
de
fresa |
|
Guajolote
de
Navidad |
Atole
de
pepita
chica |
|
Guajolote
de
Nochebuena |
Café
de
olla |
|
Guajolote
Pibil |
Champurrado
de
Sinaloa |
|
Guajolotito
de
Aguinaldos |
Rompope
navideño
especial |
|
Lechoncito
pastoril
al
horno |
Ponche
de
ciruelas |
|
Puré
"Belén"
de
manzana |
Ponche
de
Navidad |
|
Buñuelos
de
Navidad |
Chocolate
mexicano |
|
|