Costumbres y Tradiciones

 


“En su sentido más amplio, la costumbre es el conjunto de comportamientos humanos habituales, o sea, el modo especial de proceder adquirido por repetición de actos iguales o semejantes que forman el carácter distintivo de una persona, un grupo o un pueblo”
José Rogelio Álvarez

Tratare de resumir las tradiciones mexicanas más importantes, cuales son los eventos que se llevan a cabo y cuales son las comidas y bebidas típicas de cada tradición...
La tradición por ser la forma más sencilla de comunicar o transmitir los valores y las manifestaciones culturales y artísticas en el correr del tiempo, es también la manera más sencilla y directa de hacer la historia.
La tradición, por ser historia viviente y comunal, tiene una dimensión humana, una dimensión social, una dimensión geográfica y otra temporal, y sobre todas estas cualidades, la virtud de amalgamar al hombre presente con su pasado y con su terruño. Es el hilo que teje la malla de generaciones y que da sentido, color, sabor, perfil, carácter cultural y fisonomía social.
En nuestro país tenemos muchas tradiciones a lo largo del año, y de un modo u otro, todas ellas se relacionan con la alimentación. Es por eso que quisimos elaborar una lista en orden cronológico de las celebraciones más importantes del país y concretamente la Ciudad de México, abarcando el período que conforma el presente semestre. Les invitamos a que conozcan nuestras tradiciones asistiendo a todas las actividades que les sea posible de las que enumeraremos adelante.

Reyes MagosDía de Reyes
Reina de la merienda familiar en la fiesta de los Santos Reyes, el 6 de enero, es la Rosca. Por ser la Epifanía una de las fiestas grandes de la liturgia cristiana, desde hace mucho tiempo las familias celebran con una merienda en la cual se partía un gran bizcocho o pastel grande. Cabe mencionar que algunas fuentes dicen que se trataba de una costumbre romana que la Iglesia Católica adoptó. De cualquier modo, esta tradición llega a México durante la Colonia. La merienda de los Santos Reyes se hizo tradicional con su rosca, la cual se acompañaba con el chocolate, originario de estas tierras de la Nueva España.
No es fácil precisar cuándo se inició la costumbre de esconder en la masa de la rosca un Niño Dios de porcelana, pero por crónicas se sabe que la usanza de colocar una confitura o un haba en la rosca era muy antigua. Quien encontraba el haba o el confite, estaba obligado espiritualmente a presentar el Niño Dios del Nacimiento de la casa en la iglesia cercana el 2 de febrero (llamado en México Día de la Candelaria).

Antiguamente en México, la obligación se cumplía rigurosamente, y quizás la sustitución del haba o el confite por el niño surgió porque en algunas ocasiones el comensal ingería el trozo de la rosca con todo y haba a fin de evitar el compromiso. Seguramente alguna señora lista que un año se quedó sin Fiesta de la Candelaria y sin padrino para su Niño Dios, comenzó a introducir un niñito de porcelana difícil de ingerir (y más aún de digerir), aunque a decir verdad todavía hay quienes se quedan sin fiesta porque, en alguna forma, el que encuentra el niño se hace el disimulado o esconde discretamente la figurita. En pocas palabras, para eludir el compromiso "se hace rosca".

 


Día de la CandelariaRosca de Reyes
La fiesta del 2 de febrero se enlaza en México con la tradicional Rosca de Reyes. A quienes les tocó el niño deberán presentarlo en el templo el Día de las Candelas. Para ello, habrán de engalanarlo y comprar los ropones y los tronos para aposentarlo. Después de la conmemoración del nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes Magos, una de las fiestas de mayor arraigo popular es la llamada "de la Candelaria" o de las Candelas, porque en dicha celebración se bendicen la imagen del Niño Dios y las velas que se llevan con el niño. Esta costumbre tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación y la presentación del Niño Dios.
Después de la misa, finaliza la fiesta con la merienda de los compadres, en la cual se sirve una tamalada. Los tamales pueden rellenarse con puerco, pollo, rajas, frijoles, mole, queso, elotes y hasta fresas con pasitas, acompañados de salsas, atoles de sabores y chocolate.

La Cuaresma
Los primeros cronistas de nuestra historia que relatan el encuentro de la cultura occidental con la mexicana, dan amplio testimonio del profundo espíritu religioso de los pueblos indígenas y de cómo este espíritu abarcaba también las costumbres y hábitos alimentarios; es decir, existía toda una tradición gastronómica vinculada a las creencias y ceremonias religiosas.
Por ello no es de extrañar que al realizarse la conquista espiritual por parte de los españoles, se produjera un cambio en los hábitos alimentarios propios de las fiestas religiosas, para adaptarlos a los usos y costumbres que exigía el ritual de la nueva religión. Surge así una cocina cuaresmal y una cocina navideña en la Nueva España, por ser estos dos ciclos en torno a los que gira la liturgia cristiana. Estas tradiciones, que perduran hasta nuestros días, pueden decirse que son, en su esencia, prehispánicas, porque los protagonistas son platillos indígenas (como es el caso de los guisos de nopales, flor de calabaza, huauzontles, verdolagas, papas, moles y tamales, por citar algunos). Los guisos de Cuaresma conforman una tradición gastronómica mexicana, la cual se enriquece con elementos aportados por la cocina hispánica.
En lo que se refiere a la tradición culinaria cuaresmeña, está dominada por dos elementos rituales: el ayuno y la abstinencia. El ayuno, porque obliga a la realización de un solo alimento, es la comida principal del día; en cuanto a la abstinencia, como su nombre lo indica, está prohibido el uso de las carnes en todas sus variedades, pero no el de los vegetales y los pescados, los cuales pueden ser ingeridos en toda su variedad.
La gastronomía mexicana, como ya vimos, aporta al mundo vegetales que son de consumo universal, como: la papa, las calabazas, los camotes, el maíz, los chiles, los aguacates, los nopales y muchos más, protagonistas de las llamadas Vigilas de Cuaresma. Así surgen infinidad de guisos elaborados cuidadosamente, por lo que la cocina cuaresmeña es una tradición gastronómica de muy alta calidad. Para confirmarlo, basta citar algunos ejemplos:

Nopales (con huevo, mole, ensaladas, etc.)
Romeritos en mole, con tortas de camarón seco
Charales de Pátzcuaro capeados
Calabazas en torta, rellenas, picadas, entomatadas, etc.
Guarniciones de chícharos, ejotes
Caldos de haba
Pastel azteca
Corundas con rajas
Caldos de camarón
Chilpachole
Huachinango a la veracruzana
Bacalao a la vizcaína
Postres: chocolates, frutas cubiertas, capirotadas, torrejas, huevos reales, tamales
Bebidas: aguas frescas, aguamiel, pulque
Cabe mencionar que la cocina mexicana resultó muy adecuada para la Cuaresma, ya que en México no existía la carne de res, de cerdo y, en general, de todos los bovinos. Por todo esto, se puede afirmar que la gastronomía mexicana de cuaresma es una de las más ricas y variadas del mundo, y que afortunadamente, es una tradición de la mesa mexicana. Cena de Pascua Mexicana

Pascua
Al terminar el ciclo religioso de la Cuaresma y Semana Santa, tiempo de recogimiento, ayuno y abstinencia, comienza el "Ciclo Pascual", que también dura cuarenta días, pero es tiempo que todo es alegría y esperanza. Este tono festivo coincide siempre con la estación de primavera.
Como por su propia naturaleza religiosa, la fiesta de Pascua resulta ser de tono festivo y familiar, durante el virreinato surgió la costumbre de regalar dulces y postres a parientes y amigos, así como el invitar a las Meriendas Chocolateras de Pascua en las que los protagonistas eran: el chocolate, los tamales, los bizcochos de huevo, las cajetas, las palanquetas, polvorones, animalitos de pepita, alegrías, jamoncillos, buñuelos, charamuscas, natillas, rompope, empanadas, chongos zamoranos, gaznates, borrachitos y miles de delicias más.
Es por eso que la auténtica costumbre ha derivado en regalar dulces y postres autóctonos, así como las meriendas con sus chocolates.

Pan de PascuaSemana Santa
Semana Santa o “Semana mayor” como se acostumbra nombrar, era tiempo y aún lo es para gran número de creyentes en que se descartaban paseos y fiestas, en que latía un espíritu de recogimiento, en el que no podían faltar los ejercicios espirituales o días de retiro; costumbres y prácticas que con el tiempo se han ido olvidando.

La Semana Mayor empieza el Domingo de Ramos, que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Es una constante curiosa entremezclar lo cristiano con algunas reminiscencias de sabor pagano por ejemplo colocar palmas, una vez benditas, en puertas y cabeceras de cama, para su protección. En algunos lugares se acostumbra intercalar ramos de romero, que, según se dice, alejan las tempestades.

El jueves Santo, día que se celebra la institución de la Sagrada Eucaristía durante el acto conocido como la “Ultima Cena”.

Viernes Santo, día de luto. Durante todo el día en los templos, los fieles rezan y todas las imágenes se han retirado del altar o han sido cubiertas, quedando exclusivamente la “Virgen”, a la que la gente acompaña en su dolor.

Las diversas procesiones que en este día se siguen verificando en distintos lugares del país, poseen una innegable reminiscencia de los pasos andaluces, al llevar en andas grandes esculturas que representan la crucifixión de Cristo con la cruz a cuestas y de su Madre en su advocación de la Virgen de la Soledad. IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM (INRI).

Antes, el Sábado Santo los festejos populares terminaban, alegres y estruendosos, con la guerra de los judas.

Durante todo el día, los vendedores ambulantes pregonaban su mercancía de figuras, un tanto surrealistas, de cartón pintando y provistas de hileras de cohetes que a veces se alternaban con golosinas y cigarros que se salían disparados por los aires, ocasionando que los espectadores se lanzaran a su captura.

Los grandes almacenes quemaban judas frente a sus establecimientos. Son pocos, actualmente, los que siguen esta costumbre, y el vendedor de judas es una figura popular más, que se va extinguiendo.

La culminación de la Semana Santa es el Domingo de Resurrección. Sonidos de campanas anuncian la fiesta más grande de la Iglesia: La Resurrección del Señor.


La Santa Cruz
El tres de mayo es la fiesta de la Santa Cruz; celebración antiquísima que tiene sus raíces en el hallazgo del madero en que muriera Cristo y que se según la historia ocurrió en el siglo Cuarto de nuestra Era.

La fiesta de la Santa cruz tiene mucho arraigo en todo México. En ocasiones podrán no vivirse algunas festividades, pero ésta, “llueva o truene” no deja de llevarse a cabo. En los altos edificios o en las más modestas construcciones, siempre en ese día se pueden observar todos aquellos preparativos que culminarán en la gran fiesta de la construcción.

Ingenieros, arquitectos, maestros de obra, peones “chalanes” y todos los que intervienen en esas obras hay fiesta. Al parecer, el festejo de la cuchara y la mezcla, se inicia desde los albores de la Colonia, en tiempos de fray Pedro de Gante. Había en la Nueva España y en lo que constituye el Centro Histórico de la Ciudad de México, una serie de iglesias y capillas dedicadas a la Santa Cruz, en el ámbito de lo que fueran Barrios muy populares.

Es pues fácil derivar de aquí la idea de que los abundantes albañiles o “trabajadores de obrajes” de la época, veneran con especial devoción a la Santa Cruz, ya que incluso algunos pertenecían a una cofradía que llevaba su nombre. Lo cierto es que el tres de mayo, los obreros de la construcción “tiran la casa por la ventana”. Actualmente casi se ha perdido todo vestigio religioso, restando el predominio de un festejo paganizado. De cualquier manera, es un hecho que los albañiles, en ese día lucen sus mejores galas.

Fiesta de la Santa CruzSon ellos mismos los encargados de preparar la tradicional barbacoa. Para tal efecto, uno se encarga de comprar el borrego, y otros, de prepararla, mientras se cuece los animados albañiles instalan una improvisada mesa a base de tablones de cimbra. No falta un buen mantel que da realce a los folklóricos platillos que ahí se van a servir. En muchos lugares aún sale a relucir el “pulque” y los curados de frutas. Hoy, la mayor parte de los veces, el pulque se ve suplido por cerveza. Ambas bebidas, son las culpables de que la asistencia al trabajo del día siguiente se vea diezmado, ya que todos acaban bastante “alegres”.

En la mesa se pasan de lado a lado, los platos hondos de barro con salsa borracha, muy bien hecha con su chile tostado y molido, más sus ajitos, un buen chorro de pulque, cebolla picadita y queso rallado. Sobre la mesa, alteros de tortillas recién hechas y envueltas en servilletas. Al centro, una enorme cazuela de arroz.

No tardan en llegar los músicos y la animación llega al clímax. Al anochecer, los compadres se acompañan muy abrazados al hogar respectivo. Unos cuantos prefieren pasar la noche en la obra, haciéndole compañía al velador.

Corpus Christi Corpus Christi
La fiesta del Corpus se remonta al siglo XIII. La instituyó para su diócesis, en 1242, el obispo de Lieja, pasa a la Nueva España, donde hasta la segunda mitad del siglo diecinueve la festejaban todas las autoridades civiles, militares y religiosas, participando, pero no obstante, quedaron firmes en el arraigo popular.

Es el pueblo quien, en muchas ocasiones sin saber a ciencia cierta el por qué, continúan sosteniendo las tradiciones, cumpliendo fielmente con cada rito y cada ceremonia; es razón suficiente el que sus antepasados lo hayan hecho para que perseveren en ellas.

Los prehispánicos en sus ritos paganos, llevaban ofrendas a sus dioses, para que les propiciaran buenas cosechas. Dentro de las celebraciones del cristianismo al que fueron convertidos quedaron y quedan ciertos elementos de sabor ancestral. Uno de ellos las ofrendas de flores y frutas llevadas a la iglesia, junto, incluso, con los instrumentos de labranza y hasta los animales de tiro, acercados allí para ser bendecidos. Las remotas costumbres suelen sobrevivir intactas o parciales. Las relativas al Jueves de Corpus, hoy han quedado reducidas casi solamente, a llevar a niñas y niños pequeños, ataviados como inditos, rememorando tal vez, a los indígenas que asistían al templo en esa fecha, para implorar ayuda para sí y sus animales.

Los pantaloncitos y la camisa bordada en brillantes colores, o las falditas bordadas acompañadas de un reboso, que van a ser el básico atuendo de los chiquitines, los diminutos huaraches y el complemento indispensable del pequeño huacal y el sombrero de petate, los niños pequeños van a quedar convertidos en graciosos inditos. Las niñas con sus trenzas restiradas y entretejidas con estambres convertidas en gentiles inditas, al cuello lucen sartas de collares, llevan en la mano frágiles jaulitas o canastas donde pían desconsolados pollitos recién nacidos, que, merced al ajetreo del día, apenas sobreviven.

Si esta fiesta en todos lados de México se ve iluminada con el colorido del folklore mencionado, cabe destacar el especial lucimiento que presenta la catedral metropolitana. El inmenso atrio acoge esa multitud de niños, fieles y curiosos que se arremolinan a las entradas, y al repique de campanas salen volando de las torres, bancadas de palomas.

Entre los múltiples vendedores ambulantes, destacan los de los puestos de mulitas, las hay de todos tamaños, la mayor parte con sus cuerpos y patas de carrizo; pero también hay mulitas de barro y de vidrio, con huacales rebosantes de estilizadas frutas. Son particularmente populares las mulitas miniatura, prodigio de curiosidad y paciencia, montadas sobre un alfiler. ¿Y cuál es el origen de estas simpáticas mulitas? Tal vez arranque del recuerdo de las jornadas de los arrieros, que transitaban con sus recuas por toda la República, llevando las más diferentes cargas en calidad de primicias, para entregar a sus parroquia; depositaban allí los costales de maíz o de chiles, o quizás algún rosado lechoncito.

Y una vez cumplido su compromiso, recibían una especial bendición para sus futuras cosechas.
 
Grito de la Independencia La Independencia
Forjar una nación no es pequeña ni corta empresa, requiere tiempo, suele cobrar pagos de dolor y sangre, pero al final va logrando su evolución y desarrollo. Septiembre es un mes que recuerda hombres y fechas, acciones e ideas que abrieron brecha al paso de nuestra nacionalidad e independencia. La historia, encierra episodios que nunca serán borrados.

Como parte del folklore nacional, en todo el territorio brotan las bengalas que con sus brillos iluminan alegres el cielo que envuelve a una de nuestras más importantes fiestas patrias. Brillantes chispas van cayendo a lo largo de este simbólico mes, que encienden con festejos pueblos y ciudades en todas sus calles principales, las cuales se engalanan con banderas, cadenas de papel o hileras de focos tricolores. Cuando es posible, los artesanos electricistas realizan, representando sobre fachadas de edificios públicos, símbolos patrios o incluso las propias figuras de los héroes nacionales.

La noche del 15, en zócalos y plazas de toda la ciudad, se forma un conglomerado lleno de animación, que toca cornetas de cartón, lanza serpentinas, confeti y luce exagerados sombreros de palma, rebozos y jorongos. Esta es una fiesta netamente popular para festejar “el Grito de Independencia”.

En la capital, la gran reunión se celebra en la Plaza de la Constitución a las once en punto de la noche se abre el balcón principal de Palacio Nacional, aparece el Presidente de la República, pronuncia las tradicionales y conmemorativas frases, inicia diciendo: “¡Mexicanos...!, y al final toca la histórica campanada, como lo hiciera el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, en el pueblo de Dolores.

Acto seguido, comienza el rugido de la multitud, que clama a México, para luego, como un gigantesco coro se entona el himno nacional. A las voces se suma el repique a vuelo de las campanas de la catedral, el estallido de los cohetes, y el silbido de los castillos, toritos y toda clase de luces artificiales que inundan el cielo de la noche.

En la verbena popular no pueden faltar los clásicos puestos de antojitos: allí están los humeantes botes de elotes cocidos y tamales; los comales donde se fríen quesadillas, sopes y enchiladas; destacan en el menú, los imprescindibles chiles en nogada, con su típico aderezo tricolor del verde perejil, la blanca crema de nuez que los recubre, y los rojos granos de la granada.

Al clarear el nuevo día comienzan a distinguirse las siluetas de los barrenderos que tienen más trabajo que nunca, recogiendo de las calles los innumerables restos que fue dejando a su paso el regocijo popular. La multitud vuelve a reunirse, esta vez esparcida a los lados de las calles por donde va a pasar el “desfile militar”.

Se van sucediendo en interminable procesión, los destacamentos armados, la caballería, los tanques, los aviones de la fuerza aérea rasgando los aires, los marinos de vistosos uniformes, los cadetes del Colegio Militar y el heroico cuerpo de bomberos que siempre levanta a su paso entusiastas aplausos. Y mientras la gente disfruta el desfile, se ondean miles de banderitas y rehiletes

La parada militar empieza en el zócalo, frente a Palacio, desde donde lo contempla el Presidente de la República acompañado por los Secretarios de Estado y el Cuerpo Diplomático.

Lo último que queda en la retina del espectador de este festejo del 16 de septiembre, es la imagen de los charros que cierran el desfile, engalanados en su lucida vestimenta de botonadura de plata y sus hermosas sillas de cuero bordados en pita.

Dia de MuertosDía de Muertos
Entre los mexicanos la muerte tiene un sentido singular: a veces aparece como una arraigada tradición que tiene sus raíces en la época prehispánica; en otras ocasiones, parece un escenario donde hay ofrendas con: dulces, pan, flores y alimentos condimentados y costumbristas. La tradición es permanente, pero aparece con mayor vigor los días 1 y 2 de noviembre de cada año.
El cementerio convoca a reunión familiar y amistosa. Los deudos se arrodillan al rededor del quien físicamente ya no se encuentra con ellos y depositan las ofrendas; o en su caso, se instalan altares en las casas. Es una conjugación de alegría y tristeza.
Las ofrendas pueden contener fruta, pan, conservas, tamales, mole, dulces, el tradicional pan de muerto; flores, veladoras, imágenes de santos y fotografías del o los difuntos, además de banquitos o sillas para que lleguen a comer los espíritus. También se colocan sus pertenencias en vida: ropa, cigarros, botellas de licor, etc. Después de la celebración, los familiares e invitados se reúnen tradicionalmente para comer lo que "los muertitos dejaron" en la ofrenda, teniendo así un nuevo motivo para celebrar.
En otros países la palabra muerte jamás se pronuncia. El mexicano la adula, la festeja. Tal vez sea el mismo miedo de los otros, pero nosotros la miramos cara a cara. El Día de Muertos refleja claramente cuál es nuestra actitud ante el fenómeno: es la fiesta donde se canta, se come, se ríe, se baila con ella, con la muerte. El arte de la fiesta se encuentra casi intacto entre nosotros. Ahí mostramos todo el lujo que nos falta en nuestra vida diaria. Gracias a esto se espera atraer la abundancia.

Virgen de GuadalupeLa Virgen de Guadalupe
Es indiscutible que una de las más grandes fiestas celebradas en México es el día de la Virgen de Guadalupe. Se trata de una Virgen morena que en 1531 se aparece en el cerro del Tepeyac a un sencillo indito, Juan Diego, el más humilde de sus hijos, para convertirse en la Madre de una nueva raza: “los mexicanos”,

Desde el momento en que deja su imagen estampada en la burda tilma de ixtle, la fe y devoción por la Guadalupana se ha mantenido por casi 450 años. Ella y sólo Ella, logra acoger con absoluta “igualdad” a pobres y ricos, niños y ancianos, enfermos y sanos, todos van a postrarse ante sus pies el 12 de diciembre.

Por difíciles que hayan sido las épocas en México, nunca se ha cerrado su culto. Ella sirvió como estandarte al cura Hidalgo en los inicios de la Independencia. Ella, unifica criterios, es el punto básico de unión entre los mexicanos. Para honrarla y agradecerle los favores recibidos se hacen innumerables visitas a la “Villa”.

Todos los años desde los puntos más lejanos del país se organizan peregrinaciones; son interminables filas de personas que por carretera vienen caminando para ver a la “Virgencita”, a pagar una manda ofrecida, a entregarle sus tributos, a presentarle al más pequeño de la familia….

Ver llegar a esos miles de peregrinos, sangrantes los unos, agotados los más, pero henchidos por el más profundo amor, es conocer a un pueblo que se entrega sin medida y espontáneamente a esta devoción.

En su honor se han hecho y se hacen las más bellas reproducciones; pintores famosos, como gente del pueblo, crean esculturas y cuadros hechos con infinidad de materiales como tributo de su devoción.

Algo que se ha convertido como obligado de la visita a la Villa de Guadalupe es disfrutar de los antojitos que se venden en los puestos, tomarse una fotografía, averiguar la suerte con los “pajaritos” que sacan el papel de una caja y comprar estampas y novenas.

Casa iluminada en Navidad en MéxicoNavidad Mexicana
Posadas

Las posadas son festividades creadas con la intención de despertar la expectación hacia el nacimiento de Jesús. POr eso, se realizan durante nueve días que, según la tradición religiosa, representan los nueve días del 16 al 24 de diciembre, la petición del abrigo y calor humano que María y José hicieron en la espera del advenimiento del Niño Jesús.
La posada es una fiesta comunitaria que se llena de colorido con los cantos de letanías y villancicos, rompimiento de piñata y todo un variado conjunto de platillos, dulces y ponches. Se supone que este novenario se inició con las misas de aguinaldo que los agustinos celebraban en el interior de sus conventos en tiempos de la Colonia. Posteriormente, de los templos pasó a las haciendas y rancherías que contaban con un oratorio, a las mansiones de potentados y finalmente a las vecindades, adquiriendo su configuración actual a principios del siglo XIX.
En las posadas es característico degustar: ponche, mole, dulces, tamales, y las colaciones; además de la fruta contenida en las piñatas.
La cocina navideña
Muchas festividades navideñas en el mundo son frías; en México existe una gran variedad de platillos que integran nuestra gran cena de Nochebuena, enriquecida con todos los ingredientes prehispánicos y con la fusión de la olla con el caldero español y las especias llegadas de Asia. El México actual asimila cualquier influencia.
Esta herencia la disfrutamos en nuestro país y trasciende nuestras fronteras: la guayaba, nopal, maguey, maíz, frijol, chile, aguacate, vainilla, cacao, calabaza, chayote, zapote, mamey, papaya, chocolate, jitomate y guajolote, por mencionar algunos, son parte muy significativa de la gastronomía internacional.
Platillos de la cocina mexicana navideña:
 

Ensalada de Navidad

Buñuelos de canasta

Romeritos en revoltijo

Capirotada de Navidad

Romeritos "Celebración"

Capirotada mexicana de Navidad

Bacalao a la vizcaína

Pastel de Navidad

Guajolote "Belenista"

Atole almendrado

Guajolote Decembrino

Atole blanco

Guajolote de los pastorcitos

Atole chorreado de chocolate

Guajolote de los pastores de Belén

Atole de fresa

Guajolote de Navidad

Atole de pepita chica

Guajolote de Nochebuena

Café de olla

Guajolote Pibil

Champurrado de Sinaloa

Guajolotito de Aguinaldos

Rompope navideño especial

Lechoncito pastoril al horno

Ponche de ciruelas

Puré "Belén" de manzana

Ponche de Navidad

Buñuelos de Navidad

Chocolate mexicano

 
 

Caminos de Guanajuato